LITERATURA

Carlos Monsiváis, emblemático promotor de la cultura popular

Boletín No. 616 - 18 de junio de 2020
  • La Secretaría de Cultura y el INBAL recuerdan al autor de Amor perdido al cumplirse una década de su deceso

A una década de la ausencia del escritor, ensayista, periodista e intelectual mexicano Carlos Monsiváis Aceves (1938-2010), la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través de la Coordinación Nacional de Literatura (CNL), recuerdan al emblemático autor de Los rituales del caos (1995), quien cultivó el arte literario, para plasmar en la diversidad de su escritura entrañable, crítica e irónica, los sucesos cotidianos, ordinarios y sorprendentes de la vida nacional.

Monsiváis encumbró la cultura popular: Poniatowska

“Si alguien entronizó la cultura popular en México y la hizo parte de la llamada ‘gran cultura’, fue Carlos Monsiváis. Es una aportación extraordinaria”, asegura en entrevista telefónica la periodista, escritora y ensayista Elena Poniatowska sobre las contribuciones del autor imprescindible para muchas generaciones de antes, de hoy y de después.

De su lazo de amistad, Elena Poniatowska evoca a su amigo entrañable al relatar que lo conoció en 1954 o 1955. “Recuerdo que José Emilio Pacheco y él siempre estaban juntos. Los veía por el rumbo de los periódicos, por la avenida Juárez. Monsiváis tenía el cabello negro, más o menos chino, sonreía y tenía unos enormes anteojos de intelectual. Nos empezamos a hacer amigos los tres y finalmente acabamos trabajando mucho juntos en el suplemento de México en la Cultura”, comenta.

Carlos Monsiváis, falleció en la Ciudad de México el 19 de junio de 2010, y en su despedida realizada dos días después en el Palacio de Bellas Artes, su amiga y compañera en hacer del periodismo y sus géneros una permanente denuncia a lo autoritario e injusto, le hizo un sublime y doloroso reclamo: ¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi, ahora que te has ido?, “¿Por qué nos hiciste esto?”, “¿Por qué no nos preparaste mejor para tu muerte?”

El reconocimiento ganado palmo a palmo por Monsiváis fue en el campo del periodismo, el medio intelectual y literario por abordar con ironía y particular sentido de la crítica lo mismo los temas de la llamada “alta cultura” como los de la cultura popular, los movimientos políticos y sociales, el cine, los espectáculos, el futbol y hasta a los grandes personajes históricos o los medios de comunicación. Dominó todos los géneros periodísticos y literarios, desde la nota informativa hasta el artículo de opinión, pasando por la entrevista, el reportaje de gran alcance, el ensayo, la crítica y, en especial, la crónica, entrecruzada con otros géneros.

El sentido profundamente ético de Monsiváis

Por su parte, el poeta, narrador y ensayista Adolfo Castañón considera importante destacar el otro lado de Carlos Monsiváis, el del sentido profundamente ético. “Ese aspecto lo hace, a mi parecer, una de las figuras emblemáticas de la cultura mexicana del siglo XX, de principios del XXI, porque Monsiváis trató de ser capaz de decir o expresar ‘nada mexicano me es ajeno’.

“Lo que quiero decir es que Monsiváis era capaz de hablar igual con las personas más adineradas del país, empresarios, figuras del cine y al mismo tiempo que con las personas marginadas, los enfermos de sida o con las personas que no tenían nada que ver con la cultura. Esto se vio muy claramente cuando falleció hace 10 años”, recuerda.

Castañón agrega: “Me di cuenta de la enorme amplitud de Carlos Monsiváis. Era un hombre plaza y eje por donde convergen todos los caminos y, en ese sentido, diría que la lección de Monsiváis es humana. Eso hace de él un estandarte de la pluralidad, concordia y de capacidad de comprensión”. 

Fue a través de la crónica que Monsiváis entabló una relación muy especial con un tema en específico: la Ciudad de México, de la que recogió sus múltiples voces con una mirada severa, crítica, mordaz y contundente, pero a la vez generosa, amorosa, desenfadada y divertida.

Legado multifacético a México: Braulio Peralta

Además de libros y revistas, el ensayista también se sentía atraído por otras actividades de la vida, como actuar en algunas películas, Los Caifanes (1967), y En este pueblo no hay ladrones (1965), pero sobre todo por las historietas de Gabriel Vargas.

Sobre la variedad y multiplicidad de rostros que Carlos Monsiváis abordó en su obra, el escritor, periodista veracruzano y autor de El clóset de cristal (2016), Braulio Peralta, asegura que “la diversidad en Monsiváis era inusitada. Su compromiso con las causas sociales y la diversidad de género en todo su espectro se ve plasmado a través de sus libros. Nos mostró ‘los muchos México’, el sinnúmero de rostros que lo conforman. Las clases sociales, los de arriba, los de abajo y los de en medio, y él como núcleo nos mostró estos aspectos. En estos tiempos pandémicos hace falta su erudición y su crónica”.

Su universo literario

La obra literaria de Carlos Monsiváis es amplia y diversa, entre crónica, ensayo, narrativa y textos biográficos, destacan temas de historia, cine, internet, de los cuales se pueden mencionar títulos como: Días de guardar (1970), Amor perdido (1977), Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza (1987), Sin límite de tiempo con límite de espacio: arte, ciudad, gente, colección de Carlos Monsiváis (1993), Diez segundos del cine nacional (1995), Del rancho al Internet (1999) y Apocalipstick (2009), entre otros.

De los reconocimientos que recibió el cinéfilo y coleccionista capitalino están el Premio Nacional de Periodismo, en crónica (1977), el Premio Jorge Cuesta 1986, el Premio Manuel Buendía 1988, el Premio Mazatlán de Literatura 1988, el Premio Xavier Villaurrutia 1995; la Medalla Gabriela Mistral 2001 otorgada por el Gobierno de Chile; la Medalla al Mérito 2003 que le dio la Universidad Veracruzana, y el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2005, en la rama de Literatura, así como la Medalla Bellas Artes que le entregó el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura en 2008.

Carlos Monsiváis no solo rescataba el acontecer cotidiano, también le gustaba coleccionar juguetes populares, discos y películas, pero sobre todo historietas, las cuales puede uno apreciar en la Biblioteca de México, en la sala que lleva su nombre.

#QuédateEnCasa


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