ARTES VISUALES

ANALIZAN LA SERIE HISTORIA DE UN VAMPIRO, DE KATI HORNA

Boletín No. 228 - 02 de marzo de 2026
  • Con esta serie fotográfica, la artista aborda su propia biografía y su tránsito visual, así como su integración al entorno cultural mexicano

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (CENIDIAP), realizaron el pasado 27 de febrero jornadas académicas en torno al legado de Kati Horna, en las que se analizó la serie fotográfica Historia de un vampiro (1962).  

En la primera mitad del siglo pasado, el cine vampírico estaba de moda: en 1921 se estrenó La muerte de Drácula, de Károly Lajtha; en 1922, Nosferatu, de F. W. Murnau; y en 1931, Drácula, protagonizada por Béla Lugosi, donde los personajes encarnaban al otro, la enfermedad y lo que está fuera de orden. Un giro a esa narrativa fue el que propuso la húngaro-mexicana Horna con Historia de un vampiro, serie que actualmente se exhibe en la muestra Kati Horna. La mirada puesta en página, en el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo (MCEDRyFK).

Sobre esta obra reflexionó Michel Otayek, investigador de la Universidad de Hannover, durante las jornadas realizadas en el Aula Magna José Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes. “Creo que Kati se sentiría muy satisfecha al ver la prominencia que se le dio a esta serie”, señaló el historiador.

Otayek, historiador del arte iberoamericano y asesor del Archivo Privado de Fotografía y Gráfica Kati y José Horna con sede en México, detalló que para Horna esta fue una obra importante, pues se encontraba en una etapa en la que se sentía más realizada creativamente: “Encuentro significativo que ella, tras huir de Hungría, Berlín y París, y dejar todo en Barcelona —era alérgica a hablar sobre su origen—, haya encontrado plenitud en una historia que habla de su propia biografía, así como de su tránsito visual en un momento en que se encontraba completamente integrada al entorno cultural mexicano”.

La serie de Horna habla de una vampiresa que aterriza en una casa de Coyoacán, donde pareciera adaptarse a la arquitectura, en un gesto autobiográfico: “En las películas, el vampiro es una presencia amenazante, extranjera, lo cual también sucedió en el cine mexicano, como en la película de Fernando Méndez de 1957. Kati Horna transforma este símbolo, pues su personaje, que es femenino, parece maravillarse con el entorno y, de alguna manera, integrarse físicamente a él”, señaló.  

Durante su conferencia, Otayek destacó que Horna se integró muy rápido al ámbito mexicano y que su práctica artística osciló entre lo íntimo y lo creativo frente a lo público. “Por un lado, su casa en la calle de Tabasco se volvió un lugar de encuentro de artistas, intelectuales y gente vinculada con el mundo editorial y de la cultura. Un ejemplo es la boda de Leonora Carrington con el fotógrafo Emérico ‘Chiki’ Weisz en 1946”.  

Estos encuentros permitieron diversas colaboraciones con otros artistas —como Remedios Varo y Alejandro Jodorowsky—, donde ella era el centro que unía diversas redes. Por otro lado, tuvo una amplia participación en medios impresos, sobre todo en revistas como S.nob y Mujeres, donde, a través de su lente, se puede reconstruir el entorno cultural de México a mediados del siglo pasado y, además, le permitió construir una estética del retrato.

Para el investigador, Horna fue un caso paradigmático, pues llegó arrastrando varios exilios y fue una republicana que participó activamente en la Guerra Civil española. En Europa se unió a la lucha contra el fascismo. Si bien para muchos investigadores su práctica fotográfica de esa época tiene que ver con lo documental, Otayek destacó más bien una mirada política y de género.  

Asimismo, explicó que a lo largo de su vida ella eligió un invisibilismo voluntario: “Al mismo tiempo que fue centro de una gran red de afectos, se mantuvo en un perfil discreto, sin dar entrevistas ni hacer exposiciones. Son dos aspectos que ahora se entienden en paralelo”.  

Destacó que en los últimos diez años la obra de Kati Horna ha ganado reconocimiento no solo en México, sino a nivel internacional, y que la exposición que se presenta en el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo hace justicia a su proceso creativo, que va más allá del surrealismo. Además de la manera en que abordó la condición femenina en entornos distintos a través de su obra, el especialista señaló que falta estudiar su mirada sobre la arquitectura en un momento importante para México en esta disciplina.

La jornada académica continuó con un conversatorio en el que participaron alumnos de Kati Horna: Arturo Rosales, Estanislao Ortiz y Silvia González de León, moderado por las curadoras de la exposición, Paulina Villaseñor y Paola Uribe.