Resaltó especialista la riqueza iconográfica de la arquitectura religiosa mexicana
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- Carlos Madrigal dijo que la fusión de ideas de frailes e indÃgenas resultó en una herencia arquitectónica que da sentido de identidad y pertenencia
- Ejemplos de ello se encuentran a lo largo y ancho del paÃs, dijo
En la arquitectura religiosa mexicana se observa una iconografÃa que da cuenta de la tarea evangelizadora de los frailes españoles llegados a América, pero también muchos rasgos de las ideas y creencias de los pueblos indÃgenas que fueron evangelizados a la par de la Conquista.
No obstante, esa mezcla de afanes evangelizadores y de creencias indÃgenas, opuestos en determinado momento, dejó una herencia arquitectónica que se aprecia única y muy particular; una arquitectura tÃpica y vernácula que indudablemente, al paso del tiempo, ha fortalecido el sentido de identidad y pertenencia de sus habitantes.
Lo anterior fue expresado por el maestro en arquitectura Carlos Madrigal Bueno en la segunda y última charla dedicada a la iconografÃa de la arquitectura religiosa organizada por la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, la cual se llevó a cabo el martes 9 de mayo en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes.
Arquitecto perito del Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia; investigador y docente de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y MuseografÃa Manuel del Castillo Negrete, y especialista en el tema de iconografÃa en la arquitectura, Madrigal Bueno hizo un breve recorrido por la arquitectura religiosa de México a partir del siglo XVI, y se refirió en especial al atrio como espacio abierto para el culto religioso.
Los atrios, subrayó, son parte fundamental de los templos, y estos se construyeron de acuerdo a las necesidades de cada región. Por un lado, resaltó, sirvió para delimitar con sus bardas el interior y exterior del terreno del templo (espacios sagrado y mundano), pero también para recibir a peregrinos y grupos de indÃgenas que no podÃan entrar a la iglesia porque no estaban bautizados.
Como espacios abiertos, expuso el especialista, los atrios contienen caracterÃsticas comunes y, de acuerdo a las necesidades de la población, algunas otras muy especÃficas. En ciertos casos llegaron a utilizarse también como cementerios para sacerdotes y personajes importantes del lugar.
Añadió que los atrios de los templos católicos retomaron algunas formas arquitectónicas del tabernáculo judÃo y de la llamada casa regia o romana, además de motivos plasmados en pinturas y grabados de corte religioso. Su construcción, comentó, estuvo a cargo de los propios indÃgenas –pues no habÃa albañiles especializados–, quienes fueron guiados por las escasas ideas arquitectónicas de los propios sacerdotes. No obstante, muchos templos son auténticas obras de arte, resaltó.
En ese sentido, los atrios, agregó, contienen elementos como el camino real, que separa su entrada de la del templo; el camino procesional, para peregrinaciones, capillas y arcadas (conjuntos de arcos), y, en ocasiones, algunas fuentes centrales, además de portales, columnas y la cruz obligatoria construida en diferentes tamaños y estilos, generalmente con materiales autóctonos y, en muchos casos, con motivos de la Pasión, el Génesis y el Apocalipsis, pero también con representaciones tradicionales de los indÃgenas que recuerdan sus antiguos ritos funerarios.
Ejemplos valiosos de esta arquitectura, señaló el perito restaurador, se encuentran a lo largo y ancho del paÃs, en los estados de México, Puebla, Querétaro, Guanajuato y Michoacán, entre muchos otros. Asimismo, se refirió de manera especial a la Parroquia de San Toribio Obispo de Astorga, construida hacia 1733 en Papalotla, Estado de México, y donde se observa claramente la fusión de ideas de españoles e indÃgenas.
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